Un adolescente asombroso. Segunda parte.

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Fue pasando el tiempo y el bebe asombroso crecía. Aprendió a hablar, pero no sólo aprendió la lengua materna si no que aprendió todos los idiomas del planeta, el idioma ancestral de los animales, las plantas y las estrellas. Tenía la habilidad de comunicarse con todo lo que le rodeaba, estuviera cerca o lejos. 

Aprendió a andar con una cadencia rítmica propia de un soneto. Caminaba de puntillas evitando pisar imaginarios rios de lava volcánica.

Fue al colegio y luego al instituto, sus calificaciones eran normales, porque no le interesaban las asignaturas. Sólo sobresalía en dibujo.

Dibujaba continuamente bellos paisajes inauditos e imposibles. Hacía retratos de sus compañeros donde se veían reflejados sus espíritus. Eran tan increíblemente íntimos que producían pudor ajeno.

Era como ver desnudos a tus amigos sin ningún tapujo social.

Cuando trazó sus primeras letras dejó sin palabras a su profesor de lengua. Eran letras traídas de su imaginación, pequeños seres que se daban la mano para pasear por el papel cuadriculado.

Sus amigos eran muchos, pero ninguno demasiado íntimo porque despertaba el respeto de lo diferente.

Un bebe asombroso. Primer capítulo

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Había una vez, hace mucho tiempo o a lo mejor todavía no ha pasado, no sé, no estoy segura; la cuestión es que hubo/habrá un recién nacido que llenó de estupor a todo el cuerpo de médicos del hospital. No daban crédito a lo que sus  instrumentos sanitarios indicaban.

Hicieron todo tipo de pruebas pero daban el mismo resultado.

No entendían como el bebe seguía vivo y lo más asombroso, tenía un aspecto saludable, muy saludable.

Sus ojos eran del color de la brisa marina en verano, su pelo negro brillante como el pelaje de una pantera y su piel era traslúcida como la mas bella seda de Oriente.

Nació con los ojos abiertos, mirando el espectáculo que había a su alrededor. Su mirada serena abarcaba tanto el pasado como el presente y futuro de la humanidad.

Mamaba del pecho de su madre con delicadeza. Dormía con una sonrisa en su carita sabiendo la expectación que levanta su existencia.

Pero lo más admirable estaba en su interior; en el pecho no latía un pequeño corazón, en su pecho encontraron un perfecto y funcional cerebro.

Buscando y buscando localizaron el palpitante órgano del amor en su cabeza.

El bebe creció fuerte y sano. Con el tiempo demostró unas habilidades tan extraordinarias como su propia anatomía.

Continuará