Un adolescente asombroso. Segunda parte.

imagen robada de aquí

Fue pasando el tiempo y el bebe asombroso crecía. Aprendió a hablar, pero no sólo aprendió la lengua materna si no que aprendió todos los idiomas del planeta, el idioma ancestral de los animales, las plantas y las estrellas. Tenía la habilidad de comunicarse con todo lo que le rodeaba, estuviera cerca o lejos. 

Aprendió a andar con una cadencia rítmica propia de un soneto. Caminaba de puntillas evitando pisar imaginarios rios de lava volcánica.

Fue al colegio y luego al instituto, sus calificaciones eran normales, porque no le interesaban las asignaturas. Sólo sobresalía en dibujo.

Dibujaba continuamente bellos paisajes inauditos e imposibles. Hacía retratos de sus compañeros donde se veían reflejados sus espíritus. Eran tan increíblemente íntimos que producían pudor ajeno.

Era como ver desnudos a tus amigos sin ningún tapujo social.

Cuando trazó sus primeras letras dejó sin palabras a su profesor de lengua. Eran letras traídas de su imaginación, pequeños seres que se daban la mano para pasear por el papel cuadriculado.

Sus amigos eran muchos, pero ninguno demasiado íntimo porque despertaba el respeto de lo diferente.

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